El efecto Frankenstein

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Siendo que hoy es una de esas fechas que se han estado propagando culturalmente por todo el continente, aprovechemos para hablar de un singular efecto psicológico que lleva por nombre algo de alegoría conmemorativa.

En todo caso, antes de comenzar debo decir que el “Efecto Frankenstein”, o su nombre, ha sido utilizado de tantas formas y aplicado a tantos ámbitos que resulta difícil discriminar este efecto de otros similares.

Por ejemplo, una de las aplicaciones se centra en el funcionamiento de las instituciones, y cómo ellas se transforman, independientemente de las personas que las gestionan, formado de diferentes partes, en un ente con vida propia. Este ser vivo no es necesariamente benévolo, y las personas que se encuentran en su interior deberán luchar contra él si quieren cambiar algo. Muchas veces, en estas instituciones (O empresas, no hablamos aquí de entes públicos necesariamente) nos encontramos con la necesidad de ejercer un cambio, una mejora, pero nos damos contra la pared al ver que no existe una forma, o las formas que existen son pesadas y lentas, que nos provea de las herramientas para aplicar dicho cambio. En todo caso, debemos tener cuidado en pensar que esto es sinónimo de burocracia, ya que en realidad no está directamente relacionado. Pensemos, en todo caso, en una empresa en la cual, durante años, determinada tarea se ha estado realizado de una forma determinada. No es necesariamente la mejor, pero depende de muchas partes de la empresa para funcionar. Cada parte posee su propia forma de trabajo y solo le interesa hacer eso que está acostumbrado. Si quisiéramos modificar algo de esta tarea, nos enfrentaríamos no solo a la tarea en sí, si no, al conjunto de esas partes interactuando, con sus propios modelos y pensamientos. Por lo tanto, la maquinaria parecería funcionar, pero cada parte en realidad no está preocupada por la tarea, si no por su propia tarea y por lo tanto una modificación en la forma de hacerla deberá enfrentarse con el monstruo todo, ya que modificar una de las secciones hará que la siguiente ofrezca resistencia o se encuentre con una rotunda negación sobre la nueva forma de proceder. Sumado a todo esto, es necesario entender que muchas veces se ha llegado a este punto después de mucho tiempo de interacción donde, con el paso del mismo se han ido creando nuevas capas o partes para tratar de armonizar el descontrol. Por ejemplo, una nueva política de no gastos superiores a X monto sin autorización de un gerente debido a que en algún punto de la historia de la institución alguien compró un producto que resultó estar sobre valuado. O un papel firmado por Y debido a que, también, en algún punto de la historia, por proveer un hardware a determinada persona, otra se quedó sin el mismo y esta última tenía mayor prioridad en la utilización del mismo.

Otra aceptación o utilización que se le suele dar al nombre de “efecto Frankenstein” es la del temor a que lo nuevo pueda volverse en nuestra contra y destruirnos. Imaginemos, en el ámbito del software, que aparece una nueva tecnología en el mercado. Esta nueva tecnología promete darnos la solución a un problema puntual para nuestro desarrollo, pero, por motivos de que el monstruo se vuelva en nuestra contra, preferimos seguir con el desarrollo utilizando herramientas que conozcamos. Si bien podría argumentarse, más en el desarrollo de software, que una herramienta recién salida puede sufrir de alteraciones en el tiempo, hasta su estabilización, que podrían causar esa falla tan temida, este efecto se lo ve más intensamente cuando hablamos de herramientas ya probadas y desconocimiento por parte del que lo va usar. Supongamos que la herramienta en cuestión tiene ya varios años de uso, las demás empresas están usando este producto desde hace tiempo y ha demostrado cubrir las necesidades para lo que fue creado. En este caso no tenemos necesidad de estabilización y sabemos que la tecnología ya ha sido probada, entonces, entra en juego el temor a lo que desconozco. Este miedo, en realidad, es miedo sobre mi propia ignorancia de la herramienta. Podríamos ver esto en frases del estilo: – Mejor no usemos X, por las dudas que tengamos algún problema… – Notemos lo ambiguo de la frase. En especial la última parte. El desconocimiento de la tecnología X sobre su funcionamiento hace que se transforme en el posible problema desconocido. En otras palabras, porque desconozco como funciona, puede que tenga problemas. Por lo tanto, esta frase ira acompañada de un salvo conducto, una salvaguarda que nos dé tranquilidad: – Mejor usemos Y, que está probado – En este caso, Y es la herramienta que ya se ha usado una y otra vez y por lo tanto se sabe como funciona y se saben los problemas que se pueden tener. El problema es que Y no resuelve el problema en cuestión, pero el miedo a que el monstruo que se intenta crear nos destruya preferiremos ir por el camino andado, aunque el mismo no sea el que resuelva el problema. En este punto, alguien que venga desde fuera podrá cuestionarse cosas como el porqué de una decisión de arquitectura cuando otra probada funciona mejor, o porqué el uso de un lenguaje de programación cuando otro ha sido probado que resuelve de mejor manera ese problema y un largo etc. Lo curioso, y para que entendamos por donde hacer la diferencia con el simple desconocimiento de determinada tecnología, es que seguramente la respuesta será por parte del inquirido que en su momento sí se analizó el uso de la tecnología que se propone, pero no se la tomó en cuenta debido a determinado elemento externo que podría causar una falla pero que, al mismo tiempo, es más contraproducente que haber hecho uso de la misma. Por ejemplo, el no usar determinado lenguaje debido a no contar con tiempo suficiente para aprenderlo, aunque el proyecto esté completamente detenido y teniendo tiempo para aprender el lenguaje. O no usarlo debido a su posible complejidad a pesar de que el lenguaje utilizado actualmente resulta mucho más complejo. De la misma forma, el no usar determinado modo de comunicación entre aplicaciones, llamémoslo WCF, REST, WebServices, o cualquier otro debido a posibles problemas y en contra partida usar el modelo conocido, por ejemplo, archivos de texto en un FTP para comunicar aplicaciones, debido a que esta forma fue implementada en algún viejo producto y aun sigue funcionando, olvidando el alto nivel de mantenimiento y complejidad que esto requiere.

Por lo tanto, lo mejor será no crear el monstruo por las dudas que él nos destruya, cuando en realidad no hay monstruo que nos pueda destruir, solo desconocimiento.


3 comentarios on “El efecto Frankenstein”

  1. Marcela dice:

    Me gusta la segunda acepción, efecto entendido como temor a lo nuevo, el cual es cotidianamente observable en el ámbito educativo (instituciones educativas).
    Otra concepción que se aleja un poco de las organizaciones y la tecnología, pero que comparte el temor (por la difícil tarea de educar), -agregaría yo- es la propuesta por P. Meirieu: el mito de la “educación como fabricación”: todo educador, sin duda, es siempre en alguna medida un Pigmalion, que quiere dar vida a lo que “fabrica”. La revolución en pedagogía que propone Philippe Meirieu, es que se debe cambiar la concepción de educación como fábrica, como es la que propone el doctor Frankenstein. La educación debe centrarse en la relación entre sujeto y el mundo humano que lo acoge. Su función es permitirle construirse a si mismo como “sujeto del mundo”: heredero de una historia en la que sepa que esta en juego, capaz de comprender el presente y de inventar el futuro. Pero esta tarea no es fácil…

    • No he leído ningún trabajo de Philippe Meirieu, pero por lo que entiendo que escribes, no está muy alejado de lo que se puede observar en distintos ámbitos en relación a este efecto. Como profesor y alumno al mismo tiempo veo cotidianamente el efecto Pigmalión en su máximo esplendor, así como el temor que producen las “nuevas camadas de estudiantes y sus ideas revolucionarias”. Y pongo todo esto entre comillas debido a que es el sentimiento que veo reflejado en muchos profesores, intentando forzosamente mantener su modo de hacer y ver en las aulas que no ha ido en concordancia con el del alumno. Estos creen que la severidad de sus acciones, el castigo hacia el comportamiento adolescente o del estudiante de la actualidad traerá a la estabilidad eso que se les ha escapado de las manos cuando en realidad aleja mucho más a los dos, tanto al estudiante como al profesor. Así vemos profesores que intentan controlarlo todo, como si fuese un aula del 1900, castigando al alumno que se distrae debido a la monotonía del profesor y se hace de las herramientas que el profesor no tiene para perderse más aún (Internet, Facebook, chat, juegos, etc.) El profesor se ve desbordado y trata de castigar al alumno, no solo de forma inmediata si no mancillando con prejuicios a este y cayendo en un efecto Pigmalión que podríamos llamarlo negativo (Ese alumno queda marcado y nunca volverá a tener la oportunidad de ser él). Por supuesto, esto polariza más aún los dos elementos.
      Nuevamente, creo que el efecto Frankenstein se aplica en múltiples situaciones. Siempre donde exista un miedo a que la creación nos destruya, o que creamos que perdemos el control de algo cuando nos dejamos llevar por esa nueva posible solución, incluso sin que nos demos cuenta que posiblemente nunca hemos tenido el control de nada.

  2. Marcela dice:

    Coincido con vos, bueno… en eso estamos… tratando de salir de las aulas del 1900, aunque las distracciones del alumno son por múltiples factores, como también estamos tratando de incorporar las TIC al trabajo áulico, cosa que tampoco es “tan fácil” así como suena. Las TIC son una herramienta fantástica para enseñar, pero a la hora de planificar y manejar los tiempos… es romper moldes del antiguo sistema educativo q tenemos (y q los directivos también nos rompan los esquemas).
    Hoy las aulas están desbordadas por toda la realidad social que las atraviesa, de modo que los docentes estamos desbordados por múltiples factores, también.
    A propósito, excelente caricatura la tuya, pero falta algún personaje femenino😉 Chau!


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