La carga del escepticismo

Hoy he podido comprobar lo difícil que puede llegar a ser tratar de transmitir el concepto del escepticismo. El porqué se piensa como se lo hace, y cuales son aquellos elementos que nos motivan al mismo.

Sin ningún motivo alguno de modificar el pensamiento de otras personas, resulta complejo intentar promover los valores del escepticismo, las ideas de este, a otras que corren por caminos diferentes.

Nuevamente, sin pretender modificar el pensamiento de aquella persona que no esté acostumbrada a esta forma de ver y entender el mundo, pero tratando de mostrar el motivo que lleva a ser escéptico.

Por supuesto, el título del post es de propiedad de este grande de la divulgación (Mismo de la foto), Carl Sagan, y es que no hay mejor forma de explicarlo que cómo lo hace él, en el artículo del mismo título.

De cualquier manera quisiera exponer lo que he podido ver, en parte por mi falta de capacidad de expresar y explicar lo que pienso, y por otra, creo, por la misma estructura de pensamiento de las personas que ven las cosas de forma diferente.

Esta forma diferente es la de creer, pero, primero, convengamos que creer, todos creemos. Tarde o temprano terminamos creyendo en algo. Resultaría muy difícil ir por la vida dudando de absolutamente todo, cuestionándonos a cada paso que damos, por lo tanto, terminamos rindiéndonos ante creencias incluso triviales. Digo ¿Cuántos de nosotros nos subimos a un automóvil y ni nos preguntamos si el mismo podrá frenar en la siguiente esquina? ¿Cuántos entramos a un edificio y ni nos preguntamos por su estabilidad? Simplemente asumimos y creemos que todo andará perfectamente debido a pequeñas creencias o corroboraciones que nos auto validan. Que validan nuestras suposiciones y nos permiten seguir adelante: – Si el automóvil acaba de frenar delante nuestro ¿Porqué no frenaría en la siguiente esquina? Si este edificio no se ha caído en los últimos minutos. ¿Por qué lo haría justo en este momento? – Simplemente no podemos darnos el lujo de cuestionarnos todo a cada instante.

Por ejemplo, hay un tipo de anuncio de aspirina que revela que el producto de la competencia sólo tiene una cierta cantidad del ingrediente analgésico que los médicos recomiendan (no te dicen cuál es elmisterioso ingrediente), mientras que su producto tiene una cantidad dramáticamente superior (De 1,2 a 2 veces más por cada pastilla). Por tanto deberías comprar su producto. Pero ¿Por qué no simplemente tomar dos pastillas de la competencia? Nadie te ha dicho que preguntes. No apliques escepticismo en este asunto. No pienses. Compra.

Más allá de lo que Sagan comenta sobre los anuncios publicitarios y el mensaje que viene detrás de bambalinas, el punto es que en algún momento sucumbimos. En algún momento nos encontramos con el punto de inflexión, nuestro lado flaco, donde decidimos creer y no cuestionar.

Lo interesante, y volviendo al lugar quería llegar, son las reacciones que se pueden observar y obtener cuando se plantea este tipo de pensamiento en una estructura sostenida por la necesidad de creer (O el creer en algo menos trivial que la mecánica de un automóvil). Dentro de las réplicas recibidas pude encontrar los movimientos argumentales de un extremo al otro, el relativismo, y la exigencia de demostraciones por parte del que lanza una hiótesis hacía el receptor de la misma (Y no a la inversa), etc.

En especial, el pivotear entre los extremos me causa especial curiosidad. Esto se debe a que me resulta familiar a la estructura de creer. Con esto quiero decir que o crees o no crees. O eres, o no eres. No puede haber un punto intermedio de cuestionamientos, de preguntas, de dudas, debes simplemente creer, si no, bueno, estás en el otro extremo.

Por otro lado, dentro del relativismo y su acompañante, la tolerancia y aceptación de los pensamientos diferentes, permitiendo de esta forma la posibilidad de teorizar sin la necesidad de argumentar, arroja otro factor interesante de análisis que nos lleva a una duda encubierta, pero sin la necesidad de validarla: – Esto cura… esto es brujería… esto son energías cósmicas… ¿Por qué no? Nunca podrás saberlo realmente, hay que tolerar otros pensamientos.

…pensando mucho sobre formaciones geológicas, podemos decir dónde hay depósitos de mineral o petróleo. Uri Geller afirma eso. Ahora bien, si eres un ejecutivo de una compañía de exploración de mineral o petróleo, tus garbanzos dependen de que encuentres los minerales o el petróleo: por tanto, gastar cantidades triviales de dinero, comparadas con lo que te gastas a menudo en exploración geológica, en este caso para encontrar físicamente los depósitos, no suena tan mal. Podrías caer en la tentación.

Algo que tenemos claro es que aquél que genera una hipótesis o plantea una idea está en la obligación de demostrar lo que teoriza. No se trata de dejar el manojo de ideas sobre la mesa para que alguien más tenga la obligación de comprobarlas. Esto sería muy fácil y simple, ya que podríamos sacar ideas de nuestras cabezas salvájemente sin preocuparnos por lo que estamos diciendo, simplemente deberían ser aceptadas ya que es necesario que todos los demás abran sus mentes, que crean, que nos crean. Este tipo de concepto es claramente visible cuando, por ejemplo, hablamos de fuerzas que no se pueden ver pero de seguro que están ¿Cómo no van a estar si un familiar mio las ha visto o se ha curado o las ha usado o vio a otro que las ha [Y el cuento se repite]? Simplemente créelo. Por el contrario, un escéptico no podrá aceptarlo simplemente porque lo dices, porque tu lo crees, es necesario que lo demuestres.

En todo caso, llegado a este punto, y bajo los cuestionamientos del cómo, el porqué, y el “me lo demuestra, por favor”, la rueda vuelve a su punto original, tomando algunas de las salidas clásicas (Relativismo, necesidad de tolerancia, pedido de demostración por el que no plantea la hipótesis, etc.), en definitiva, solo hace falta creerlo, nada más.

Finalmente, otra cuestión que dentro de esta forma de pensamiento me resulta especialmente difícil de explicar, ya que se suele, incluso, confundir con una especie de relativismo es lo que, nuevamente Sagan explica magistralmente.

Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarías en la vía del entendimiento y del progreso.

Esto último resulta fundamental. Saber que lo que sabemos no es definitivo y que puede cambiar nos prepara para ser receptivos a esas ideas nuevas que realmente agregan valor. Y cómo decía, puede resultar la parte más complicada de explicar.


3 comentarios on “La carga del escepticismo”

  1. […] La carga del escepticismo (Experiencia personal) miacono.wordpress.com/2011/06/27/la-carga-del-escepticismo/  por miacono hace 3 segundos […]

  2. J. Canive dice:

    Matías, me ha gustado tu artículo. No puedo estar más de acuerdo. Como sabes, yo tambien comparto muchas de las opiniones de Carl Sagan.


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